Una charla con Cristina Tomàs, por Ivan Olmos
Capturar la vida que se escurre
Hay quien entra en una habitación y ve una habitación, y hay quien intuye una fotografía, una secuencia o una luz que apenas dura unos instantes. Cristina Tomàs es de las segundas: se desliza por el paso del tiempo mientras retiene la belleza que la rodea a golpe de clic y de rec. Desde su primera cámara, con apenas diez años, la directora y fotógrafa ha entrenado la mirada: primero entre escenas domésticas y videoclubs; después, entre rodajes, teatros, documentales y videoclips. Pero más allá de la técnica o el oficio, es el impulso de congelar aquello que sucede antes de que se desvanezca lo que hace latir su trabajo.
En esta conversación hablamos con ella sobre cómo convivir con el peso de la nostalgia, el recuerdo de los años que pasó en Los Ángeles y el superpoder de encontrar magia en la luz de una escena cotidiana.
I:
Tu primera cámara llegó cuando tenías unos diez años. ¿Recuerdas qué fotografiabas antes de saber que aquello podía convertirse en una profesión?
C:
Recuerdo muy bien una excursión a La Pedrera. Debía de estar en sexto de primaria, tendría unos diez años. Hice muchas fotos y, cuando las revelamos y las enseñamos, había un par que todo el mundo decía que eran muy bonitas. Me atrapó la sensación de haber hecho algo que gustaba a la gente. Desde aquel día, te juro que hay una parte de mí que quiere hacer cosas para que la gente las mire y piense que son lindas.
I:
La mirada del otro o cierto culto a la belleza: ¿qué te empuja a hacer clic?
C:
Ambas. Me engañaría si te dijera lo contrario. Por mucho que me guste una imagen, cuando también le gusta a alguien más, añade algo. Es horrible decirlo, ¿quizá haya un punto de ego? Cuando viajo por el mundo, me fijo constantemente en lo que tengo alrededor: la luz, la gente, los gestos... Tengo millones de fotos y vídeos que no he publicado ni publicaré nunca, pero que reviso de vez en cuando para buscar inspiración.
I:
Te interesaban especialmente los behind the scenes. ¿Qué te atraía de ellos?
C:




I:
¿Lo echas de menos?
C:
“Soy muy observadora, me gusta escuchar esa intuición y saber que tengo una cámara cerca para capturar lo que está pasando. Incluso conduciendo, a veces digo en voz alta: “Aquí hay una foto”. ”
I:
Empezaste haciendo fotografía y, con el tiempo, el vídeo fue ganando espacio en tu práctica. ¿Qué te sigue fascinando de la imagen en movimiento que no encuentras en una fotografía?
C:
I:
A menudo se habla de la cámara como un medio para observar. En tu caso, ¿también es una forma de estar presente en el mundo?
C:
La cojo bastante, sobre todo en mi vida personal. Creo que hago muchas fotos y vídeos por nostalgia. A veces me pasa que estoy viviendo un momento bonito y, al mismo tiempo, me entristece pensar que no volverá a repetirse, por mucho que lo haya capturado y pueda revisitarlo después.
I:
Pasaste varios años viajando a Los Ángeles y trabajando con Joseph Llanes. ¿Cuál fue la lección más importante que te llevaste de aquella experiencia?
C:
I:
Muchas de tus piezas transmiten una sensación de naturalidad muy marcada. ¿Qué hay detrás de esa espontaneidad aparente?
C:
I:
Colaboras habitualmente con Atipus en proyectos vinculados al Teatre Nacional de Catalunya. ¿Qué hace que una relación entre agencia y profesional funcione de verdad?
C:
I:
¿Hay alguna imagen que aún no hayas hecho y que sigas persiguiendo?
C:
I:
Vivimos rodeados de imágenes, vídeos y estímulos constantes. ¿Qué es lo que todavía consigue detenerte y captar tu atención?
C:
Atipus
Comunicamos desde un enfoque estratégico, a través de un diseño conceptual y claro.
Vemos cada proyecto como un desafío y una oportunidad e intentamos dar con la idea y solución visual que mejor lo exprese.
Creemos en el diseño conceptual, simple y creativo.





