Una charla con Jordi Roy (Viefe), por Ivan Olmos

Hacerse cómoda la incomodidad

¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? Para Jordi Roy, creatividad y espíritu resolutivo siempre han ido de la mano, partes indisociables de su ADN. Ya desde pequeño le asaltó una necesidad casi imperante de hacer las cosas por sí mismo. Con los años, este impulso lo ha llevado a moverse por diferentes disciplinas —del diseño y el audiovisual a la programación y la música—. Hoy, todas estas experiencias cristalizan en Viefe, una empresa catalana especializada en accesorios de diseño para mobiliario. Como director de marketing, trabaja en la transformación de una marca arraigada en el Mediterráneo y, al mismo tiempo, abierta al mundo.

Deportista aficionado y devoto de la naturaleza, en esta conversación reivindica la incomodidad como motor, la confianza como base de los equipos y el diseño de producto como vehículo cultural.

I:

Desde muy pequeño te ha acompañado la voluntad de hacer, entender y resolver por ti mismo. ¿Cómo nació ese espíritu y cómo ha evolucionado en un contexto cada vez más colaborativo?

J:

Tengo muy presente la imagen de mi madre y yo intentando siempre hacerlo todo por mi cuenta. Desde pequeño necesitaba sentirme libre y autónomo, incluso en las tareas más cotidianas: si tenía que planchar o cocinar, debía aprender. No era tanto una cuestión de curiosidad como de necesidad de independencia.

I:

Una pulsión.

J:

Mi madre, en ese momento, no trabajaba y creo que, viendo que yo era bastante exigente, también me incentivó a hacerlo. Con el tiempo me he dado cuenta de que esta “manía” de autonomía me ha acompañado siempre y que, a veces, incluso me ha jugado en contra: hay momentos en los que hay que saber pedir ayuda. Lo llevo dentro. Aprendo más desde la prueba y error que desde cualquier formación, que a menudo se me ha hecho bastante aburrida.

I:

Hablas de la creatividad como una “herramienta para resolver problemas”. ¿En qué momento deja de ser intuitiva y se vuelve estratégica dentro del marketing?

J:

Antes de formar parte de un equipo de marketing, con 22 o 23 años, ya me di cuenta de que lo que llamamos “creatividad” sirve, sobre todo, para dar soluciones originales a problemas cotidianos. En cuanto empecé a estudiar Comunicación, vi que formaba parte de mí y, más adelante, que era la base de mis propuestas cuando algún compañero me planteaba un problema.

I:

Diseño, audiovisual, programación, datos: has pasado por diferentes disciplinas antes de llegar a la dirección de marketing. ¿Cómo convergen hoy todas esas capas en tu manera de liderar?

J:

Me encanta que haya sido así, haber pasado por diferentes ámbitos, porque cuando llegas a una posición de liderazgo estás mucho más tranquilo: conoces la técnica, los procesos y sabes cómo ayudar a tu equipo. Todo esto nace de una parte muy creativa y de acción que, con el tiempo, se transforma en una mirada más directiva.

“Tienes que tener proyectos que te hagan sentir incómodo. Es la forma de avanzar. Esa inquietud te genera estrés, pero es lo que te mueve.”

I:

En Viefe, el diseño es forma, pero también negocio. ¿Cómo se construye una marca que quiere inspirar a una comunidad creativa desde un producto tan concreto como los accesorios para mobiliario?

J:

No sé exactamente cómo se hace, es lo que estamos intentando. Pero si tienes interés por el diseño en global, ya tienes una motivación muy grande para inspirar desde esa posición. Para nosotros es importante dar sentido a todo lo que hacemos: no hacer un producto o elegir unos colores porque sí, sino explicar qué hay detrás. Eso es lo que intentamos transmitir a través de nuestros canales y de la comunidad.

I:

Defiendes que las marcas tienen la responsabilidad de contar historias. ¿Cuál es la de Viefe?

J:

Creo que tenemos una manera de hacer muy propia de esta área geográfica. En Viefe somos muy detallistas y queremos que la gente con nosotros se sienta bien; cuando conectamos con diseñadores, clientes o interioristas, se genera esa atmósfera de proximidad. Eso es el Mediterráneo: una forma de hacer más abierta, con luz, con materiales nobles y honestos. Y es desde ahí desde donde queremos explicarnos. Utilizar esa identidad cultural para acercarnos más al mercado y a la comunidad, sin miedo.

I:

¿Cómo se traduce la obsesión por el detalle en decisiones estratégicas de comunicación?

J:

Trabajar con un producto pequeño, como el pomo de un mueble de cocina o la manilla de una puerta, te lleva inevitablemente al detalle. Eso, en nuestro caso, ya forma parte de la cultura de Viefe: venimos de hacer botones, que son todavía más pequeños. Todos estos gestos están concentrados en una superficie muy reducida. El reto es combinar esa mirada tan precisa con una visión más abierta. Es fácil quedarse en el detalle, pero hay que levantar la cabeza. Mantener ese equilibrio es clave.

I:

“Me siento cómodo dentro de la incomodidad de los problemas”. ¿En qué sentido lo has convertido en una fortaleza? ¿Qué has aprendido de los proyectos que no han acabado de encajar?

J:

Tienes que tener proyectos que te hagan sentir incómodo. Es la forma de avanzar. Esa inquietud te genera estrés, pero es lo que te mueve. Si cada día te sientes cómodo haciendo tareas que no te suponen ningún esfuerzo, no avanzas. En cambio, esos proyectos que te sacan de la zona de confort te obligan a pensar más allá y te abren a nuevas personas, problemas y maneras de hacer.

I:

¿Es sostenible esa búsqueda incansable de la incomodidad?

J:

Supongo que no, pero ya lo frenaré.

I:

El proyecto del catálogo de novedades 2026 con Atipus se aleja del formato tradicional para acercarse a una publicación más editorial. ¿Qué buscabais cambiar y por qué?

J:

Veníamos de una marca muy centrada en producto y B2B, y estábamos en un momento de transición hacia una marca que también quiere inspirar. Necesitábamos hacerlo visible. Al principio, el catálogo seguía un formato más estándar, pero no lográbamos conectar con lo que queríamos explicar. Fue entonces cuando decidimos arriesgar y apostar por un formato más editorial. Con Atipus trabajamos ese híbrido entre revista y catálogo, que nos permitía construir un discurso más narrativo, vinculado al diseño, al territorio y a nuestra historia. Fue un proyecto incómodo, con poco tiempo y sin referentes previos, pero era lo que el momento nos pedía.

I:

¿Qué hace que la relación entre cliente y agencia funcione realmente? ¿Dónde está el equilibrio entre exigencia, confianza y visión compartida?

J:

Creo que todo empieza por conocer a las personas que hay detrás del proyecto. No te puede dar miedo ser exigente si al otro lado tienes a alguien que también lo es y que quiere el mejor resultado. La clave es poder hablar con honestidad y decir las cosas como son.

I:

Hablas a menudo de libertad e independencia, también aplicada a los equipos. ¿Cómo se construyen entornos de trabajo que fomenten esa autonomía sin perder la alineación?

J:

Primero, dando confianza. Si tienes claros los objetivos, da igual cómo el equipo llegue a ellos: cada uno tiene sus mecanismos y su manera de trabajar. Por eso apostamos por la flexibilidad, también con el teletrabajo. Eso genera comodidad y conciliación. Y después, evitar el “micromanagement”: definir bien qué queremos conseguir y dejar que cada uno encuentre su camino. Cuando das esa libertad, recibes implicación.

Primero, dando confianza. Si tienes claros los objetivos, da igual cómo el equipo llegue a ellos: cada uno tiene sus mecanismos y su manera de trabajar. Por eso apostamos por la flexibilidad, también con el teletrabajo. Eso genera comodidad y conciliación. Y después, evitar el “micromanagement”: definir bien qué queremos conseguir y dejar que cada uno encuentre su camino. Cuando das esa libertad, recibes implicación.

I:

Mirando al futuro, ¿hacia dónde te gustaría llevar el relato de Viefe?

J:

Potenciar ese relato cultural, que todavía no tenemos del todo arraigado. Es una transformación que estamos haciendo poco a poco, intentando no romper nada de lo que ya somos. A través del producto, explicar la historia de nuestro territorio y de nuestra cultura. Me gustaría que, dentro de unos años, eso fuera lo que realmente explicamos como marca.

Potenciar ese relato cultural, que todavía no tenemos del todo arraigado. Es una transformación que estamos haciendo poco a poco, intentando no romper nada de lo que ya somos. A través del producto, explicar la historia de nuestro territorio y de nuestra cultura. Me gustaría que, dentro de unos años, eso fuera lo que realmente explicamos como marca.

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